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ADN Millonario

El árbol de manzana que perdió sus ramas.

20 enero, 2019
Foto: kozirsky / Shutterstock //

Cuentan los lugareños de una localidad escondida en la costa del pacífico que, en su pueblo, había un gran árbol de manzanas ya hace varios años atrás. Era un árbol viejo, fuerte y frondoso. Era tan grande que podía darle sombra a un camión entero. Los viajeros que pasaban por ahí, casi siempre paraban a reposar un rato antes de continuar con su camino.

Ese manzano era tan grandioso que podía dar muchos kilos de frutos en su época de cosecha. Los niños eran los más felices, pues por las tardes iban a jugar en sus alrededores y, luego de tanto ajetreo, se sentaban a conversar bajo su sombra comiendo sus manzanas.

Las aves de la zona, tenían como lugar favorito aquel viejo árbol para armar sus nidos y guarecerse cuando el clima les impedía volar. Estar cerca del árbol durante las mañanas era tan placentero debido a la sinfonía de las aves que vivían en él. Era una melodía hermosa que servía como despertador en el pueblo.

Sin embargo, alguien de un pueblo vecino, sentía envidia, ya que ellos no tenían nada parecido a aquel extraordinario manzano. Una noche, aprovechando que todo el pueblo dormía profundamente debido a que habían celebrado el aniversario de su fundación, aquel indeseable individuo cortó todas las ramas del manzano con ayuda de algunos cómplices. La tarea no fue sencilla, pues era tan grande y frondoso el árbol que, al llegar el amanecer, ya no les dio tiempo de cortar el tronco principal. Huyeron de ahí, cobardemente, dejando al noble manzano debilitado y moribundo.

Esa mañana, casi fue un momento de luto. Todos vieron el estado del árbol. Tristes y desconcertados, limpiaron todo y dejaron al tronco solo, resignados a esperar a que se termine de secar.

Los niños ya no podían jugar por las tardes y comer de sus frutos. Las aves dejaron de hacer nidos y no tenían donde reposar. Además, la sinfonía de sus cantos matutinos desapareció. Los viajeros que pasaban por aquel lugar perdieron ese espacio para descansar un poco antes de proseguir su viaje. Aquel árbol era un orgullo para ese pueblo, pero ya no estaba. Las vidas de muchas personas se vieron afectadas injustamente.

Algunos días después, como si ese gran manzano tomara conciencia de la importancia de su presencia para las personas que le visitaban, comenzó a renacer. Aparecieron brotes en su tallo, y de los brotes salieron ramas, y de las ramas salieron hojas, y estas se hicieron más grandes y fuertes. Luego, volvieron los jugosos frutos y finalmente se hizo más grande y dio más sombra que antes.

El manzano, a pesar de estar moribundo, se dio cuenta de que lo necesitaban. Se dio cuenta de que era importante estar vivo. Se dio cuenta que su existencia cambiaba la vida de muchas personas para bien.

Nosotros, los humanos, también deberíamos aprender del manzano. Quizás podemos pasar por un momento difícil en la vida. Quizás ya no damos para más. Quizás nos hicieron daño o tuvimos malas decisiones que nos llevaron al fracaso. No obstante, reflexione un poco respondiendo las siguientes preguntas: ¿qué pasaría si, a pesar de todo ello, decidimos reinventarnos y prosperar nuevamente? ¿Cuánta gente podría ser beneficiada si nosotros “revivimos” después de una caída? ¿Cómo sería la vida de nuestra familia si en ves de resignarnos con nuestra “mala suerte”, le damos la vuelta a la tortilla y les ayudamos a tener un futuro mejor? ¿Está usted consciente de su verdadero valor?

No sea como la mayoría de árboles que se dejan secar, porque alguien les cortó las ramas. Sea como el manzano, que siendo más leña que árbol, pudo dar frutos y sombra nuevamente; y con ello brillar más que antes y ayudar a brillar a los demás.

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