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ADN Millonario

Mientras esperas el momento correcto, se te puede pasar la vida

11 septiembre, 2020

Dos diminutas semillas se encontraban, una al lado de la otra, en el suelo fértil al inicio de la tan esperada primavera. Para romper el hielo, la primera semilla le habló a la segunda y ella comenzó a contarle lo que esperaba de la vida.

La primera dijo con alegría:

“¡Yo quiero crecer! Deseo soltar mis delgadas raíces en lo más profundo del suelo. Quiero que lleguen tan hondo que me permitan aferrarme a la tierra para que, cuando sea una planta grande, ni un tornado y ni el mal clima puedan arrancarme de ella. Luego, haré que los brotes de mi cuerpo crezcan fuertes para que puedan liberarme de toda la capa de tierra que tendré encima. Cuando logre esa primera hazaña, mis jóvenes brotes verán la luz del sol, sentirán el fresco aire y se humedecerán con el ligero rocío de las mañanas de primavera.”

Y, con el pasar de los días, todo aquello que imaginó y deseó esa pequeña semilla sucedió.

La segunda semilla, con voz tímida dijo:

“Tengo mucho miedo. Si suelto mis pequeñas raíces en el suelo oscuro, no sé con qué podría encontrarme. Si insisto en esa aventura de atravesar el duro suelo, quizás puedo romper mis delicados brotes. Si logro salir de la tierra, quizás lleguen los caracoles hambrientos y me tomen como alimento. Si consigo desarrollar mis bellas flores, de repente algún niño travieso quiera cortar mi tallo y sacarme del suelo. No, mejor no haré nada de eso. Yo prefiero esperar a que llegue el momento más seguro. Un momento en donde no exista riesgo alguno de vivir como una planta.”

Finalmente, aquella semilla cumplió su palabra y decidió esperar.

Pasó el tiempo y la primavera comenzó a iluminar a toda esa región. Su cálido clima lo envolvía todo. Uno de esos días, apareció una gallina y se puso a hacer lo que todas las gallinas hacen en sus ratos libres, escarbar la tierra en busca de comida. Una gallina que, a comienzos de la primavera, escarbaba el suelo en busca de comida, encontró a la indecisa semilla y sin pérdida de tiempo se la comió.

Moraleja

Muchas personas pasan toda su vida esperando el momento perfecto. Esperan tanto que, cuando menos se dan cuenta, la vida se les pasó. A esa gente le da miedo tomar decisiones o asumir algún riesgo, pero no se dan cuenta que si no arriesgan, la vida se los terminará “comiendo” a ellos. Por eso, tome acción. Tome las decisiones que tenga que tomar para construir la vida que soñó. No se limite con lo pequeño, pero seguro. El mundo es de la gente audaz que asume riesgos pero de forma inteligente.

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